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Típica aldea de pescadores, Nazaré hoy en día es un concurrido centro de veraneo que ha sabido mantener sus tradiciones vinculadas al mar. El Sitio, en el punto más alto de la aldea (al que se puede acceder mediante un funicular) es, sin duda, su mejor mirador. También está asociado al culto a Nossa Senhora da Nazaré que, según la leyenda del s. XII, fue invocada por el alcalde llamado Fuas Roupinho que, persiguiendo un venado, se precipitó en el abismo sin salvación posible. Como prueba de gratitud por la gracia que recibió, Fuas Roupinho dispuso que allí se edificase una pequeña capilla, la Ermita de la Memoria. A poca distancia, fue construido en el s. XVIII el Santuario donde se realizan las concurridas fiestas el mes de Septiembre.

La vinculación del pueblo de Nazaré al mar, está muy patente en el artesanía local, en la que predominan las redes, las boyas, las canastas y las muñecas tradicionales vestidas con los trajes típicos de siete faldas y, en la gastronomía, en la que predominan los platos de pescado y mariscos, como las Caldeiradas, las Sopas, la açorda y el arroz de marisco y los jureles secos.

En los alrededores, hay que mencionar la Capilla de Sao Gião (s. VII), uno de los raros templos visigodos existentes en Portugal.

La playa de Nazaré

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La playa de Nazaré, de clima suave y de gran belleza natural, cuenta con una de las tradiciones más antiguas de Portugal relacionada con las artes de pesca.

El largo arenal en forma de media luna, que también es la fachada marítima de la ciudad, es famoso por su grandeza y por los toldos de vivos colores que decoran la playa de arena blanca en contraste con el azul del agua.

Esta es la playa con las tradiciones pesqueras más pintorescas de Portugal y no resulta extraño cruzarnos con las pescaderas que todavía utilizan las siete sayas, como manda la tradición. La última hora de la tarde de un sábado veraniego obliga a sentarnos en el muro para asistir al interesante espectáculo del arte xávega, durante el cual las redes cargadas de pescado llegan del mar y las mujeres gritan sus pregones de venta. No se preocupe si no entiende las palabras con exactitud. Son códigos que muchas veces solo ellas conocen.

Si miramos hacia el mar, del lado derecho, vemos un impresionante promontorio. Se trata de Sítio, desde el cual disfrutaremos de una de las más conocidas panorámicas de la costa portuguesa. Son 318 metros de roca que cae en picado hacia el mar y que se pueden alcanzar a pie, para los más valientes, o subiendo en ascensor. En lo alto, nos encontramos la pequeña Ermita de la Memoria, en la que se cuenta la leyenda del milagro obrado por la Virgen al impedir que el caballo de un hidalgo, Don Fuas Roupinho, se cayese al vacío. Verdad o no, en el mirador de Suberco se puede ver la señal dejada en la roca por la herradura en esa mañana de niebla de 1182. En Sítio también podremos visitar el Santuario de Nuestra Señora de Nazaré y, no muy lejos, el Museo Dr. Joaquim Manso, en el que se pueden conocer con más detalle las tradiciones nazarenas.

Saliendo de Sítio, con tiempo para una caminata, y atravesando el Parque de Pedralva, se llega a Pederneira, un mirador natural que ofrece una vista impresionante sobre la costa de Nazaré.

Actualmente, el gran atractivo de esta ciudad son las olas y el surf, gracias al “Cañón de Nazaré”, un fenómeno geomorfológico submarino que permite la formación de perfectas olas gigantes. Se trata del mayor desfiladero sumergido de Europa, de unos 170 kilómetros a lo largo de la costa, que llega a alcanzar los 5.000 metros de profundidad.

Alcanzó proyección internacional cuando, en 2011, el surfista hawaiano Garrett McNamara cabalgó la mayor ola del mundo en fondo de arena, de unos 30 metros, en la playa del Norte, logrando así el premio Billabong XXL Global BigWave Awards y batiendo un record del Libro Guiness. Al igual que él, surfistas de todo el mundo visitan Nazaré todos los años para aventurarse en el mar. Los baños de sol en la playa también gozan de una gran aceptación y este es el lugar idóneo para observar las proezas de estos jóvenes.

Para conocer Nazaré nada mejor que dar un tranquilo paseo por las calles estrechas, perpendiculares a la playa, y parar en uno de los restaurantes para saborear un plato de marisco fresco, pescado a la parrilla o una apetitosa caldereta. Y al caer la tarde, nada como disfrutar de la puesta de sol en cualquiera de las terrazas con vistas al mar, mientras anochece y se encienden las luces.

Para no perderse

> subir a Sítio
> saborear los platos de pescado
> observar las proezas de los surfistas y bodyboarders más intrépidos
> ver la puesta de sol en la playa